El modelo de Alexander V

Sociedades Precapitalistas , vol. 3, nº 1, diciembre 2013. ISSN 2250-5121
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Estudios de Historia Social Europea

ARTICULOS / ARTICLES

Consideraciones críticas sobre el modelo de Alexander V. Chayanov


Critical Considerations on Alexander V. Chayanov´s model

 

Josefina Liendo

Universidad de Buenos Aires - Universidad de San Andrés
Argentina
jotaliendo@gmail.com

Resumen
Este trabajo presenta un estado de la cuestión sobre la obra del economista ruso Alexander Chayanov y su crítica. El objetivo es analizar La organización de la unidad económica campesina [1924] desde una perspectiva que contemple tanto las intenciones del autor y la arquitectura de su obra como la crítica pasada y presente de sus lectores. Comenzando por los aspectos metodológicos, se propone revisar el modelo teórico básico y su funcionamiento real. Se entiende que el aislamiento del campesinado de su medio social más amplio es el método utilizado por el autor para construir un modelo conceptual de tipo puro. Sin embargo, su obra no se reduce a este objetivo. Al tratarse de una teoría práctica, Chayanov busca probar el funcionamiento real del modelo dejando caer los supuestos iniciales para insertar a los campesinos en el marco más amplio de la economía de mercado, introduciendo elementos ausentes en la simplificación inicial: la situación de mercado, los salarios y las inversiones de capital. El análisis conduce a sostener que la operación metodológica que el autor realiza para construir la teoría socava su capacidad explicativa. Se reflexiona, finalmente, sobre las virtudes y limitaciones de la obra desde una perspectiva histórica.

Palabras clave:
campesinado – metodología – Chayanov – teor ía – historia Abstract

Abstract
This paper presents a review of the work of the Russian economist Alexander V. Chayanov and its critic. The purpose is to analyze Peasant farm organization [1924] taking into account the author´s intentions and the book´s architecture as well as the critic of its past and present readers. Starting from methodological aspects, an analysis of both the basic theoretical model and its real functioning is proposed. It´s understood that the isolation of peasantries from the society of which they form part answers to the method used by the author to build a pure conceptual model. Nevertheless the work cannot be reduced to that only purpose. As it is a practical theory Chayanov seeks to prove the real working of his model leaving aside the initial assumptions to insert the peasants within the wider framework of the market economy. By doing so he introduces absent elements in his initial simplification such as market environment, wages and capital investment requirements. The analysis is intended to prove that the methodological tools the author uses to build his theory undermine its explanatory power. Finally a reflection is proposed on the virtues and limitations of his work from an historical perspective.

Key words
peasantry – methodologyChayanov – theory – history


La idea de revisar el trabajo del economista ruso Alexander V. Chayanov surge de la vigencia de su obra en la historia económica de sociedades precapitalistas. Sus observaciones sobre el campesinado ruso de principios del siglo XX permitieron a los historiadores de distintos ámbitos renovar las preguntas sobre el desarrollo económico en sociedades campesinas, poniendo al campo en un primer plano luego del silencio al que había estado condenado en los trabajos de historia económica de la primera mitad del siglo XX. Ejemplifica esto el balance que un historiador de referencia en la materia como Maurice Aymard realiza sobre la relación entre la historia rural y la historia económica (1995: 79-111). Aymard plantea que la incidencia creciente de la historia de las economías y sociedades rurales en el desarrollo de la historia económica le permitió a esta disciplina redefinir sus problemáticas y extender su cronología. Menciona allí a Chayanov como una de las vías para renovar las interpretaciones de los historiadores de las sociedades y economías rurales que, a su entender, deben orientar su atención, entre otras cosas, hacia la articulación de formas económicas diferentes, en especial las que se observan entre sectores monetarizados y no monetarizados de la economía, y no sólo en relación a los bienes producidos sino también a los modos de movilización y remuneración del trabajo (Aymard, 1995: 83). En este sentido, la obra de Chayanov resulta inspiradora. Se propone aquí, entonces, analizar su trabajo a partir de una perspectiva que contemple tanto la propuesta metodológica y los postulados teóricos del autor como la crítica pasada y presente de sus lectores.

1. Introducción

El planteo lógico simple que presenta a la familia campesina que produce para sí misma como una empresa privada prácticamente autosuficiente que organiza su producción y que, al presentar rasgos tan particulares como la indivisión del trabajo y el consumo en su seno exige una interpretación especial y distinta de la de las empresas privadas capitalistas, resulta de un atractivo evidente. Su simplicidad, sin embargo, esconde una intención por demás ambiciosa: la de definir al campesinado a partir de su lógica interna para construir una categoría teórica abstracta con múltiples posibilidades de aplicación en diferentes contextos históricos. Ésta es precisamente la intención de la teoría general de la unidad económica campesina que analizaremos a continuación. En ella, Alexander V. Chayanov oscila entre el análisis estático y el dinámico, estableciendo desde el principio sus prioridades: más allá del valor que le atribuyamos a la influencia del mercado, a la extensión y fertilidad de la tierra o a la disponibilidad de medios de producción como factores determinantes de la organización de la unidad económica campesina, “debemos reconocer que la mano de obra es el elemento técnicamente organizativo de cualquier proceso de producción” (Chayanov, 1985: 47).

El autor fija su atención en el proceso productivo y centra su mirada en la familia que dirige la producción bastándose sólo con la fuerza de trabajo disponible en su interior para satisfacer las necesidades de consumo de todos sus miembros. Su tesis otorga un rol protagónico al ciclo biológico de la familia, que aparece en el modelo como el factor no determinado que determina al resto. Dentro de este planteo, en el que la motivación de la familia a producir se ubica en un lugar central, la inexistencia de una categoría similar a la de los salarios o el beneficio en las empresas privadas capitalistas aparece quizás como el aspecto más interesante de esta forma de organización del trabajo. Estas ausencias adquieren especial significación cuando el autor, dedicado a comparar las unidades económicas campesinas con las empresas privadas capitalistas en su funcionamiento real y ya no modélico, afirma la superior capacidad de supervivencia de las primeras, mucho más flexibles que las segundas.

Su atractivo es indiscutible, sin embargo, es prudente desconfiar de la simpleza de este planteo teórico básico y dirigir la mirada a la operación metodológica que Chayanov realiza en su construcción para conocer el verdadero alcance de sus conclusiones. Es por esto que aquí se propone un análisis de La organización de la unidad económica campesina [1924] (1985) que, partiendo de la propuesta metodológica y el modelo teórico que el autor presenta en los dos primeros capítulos del libro, señale tanto las virtudes de su planteo como las limitaciones a las que su propio enunciado lo somete. En este sentido, es la riqueza de la obra en observaciones empíricas, así como la amplia experiencia de campo de su autor, la que señala las limitaciones básicas de un planteo teórico que, en su búsqueda de leyes abstractas, no logra explicar satisfactoriamente los fenómenos reales observados.

Con el objetivo de entender la obra de Chayanov en sus propios términos, se plantea la tensión existente al interior de la misma entre los dominios de lo conceptual y lo empírico siguiendo el orden propuesto por el autor. En primer lugar, entonces, se analiza la justificación y fundamentación que aparecen en la “Introducción” del libro donde el autor plantea sus objetivos. Luego, se presenta el modelo teórico básico tal como aparece en los dos primeros capítulos. En un tercer apartado se analiza la segunda parte de la obra, en la que al abandonar los supuestos iniciales el autor pone a prueba el funcionamiento real del modelo, incorporando nuevos e importantes elementos al análisis. En este punto, se evidencia el espectro de posibilidades que el planteo de Chayanov permitiría de abandonarse algunos de sus presupuestos. Para fundamentar lo que para él es un rasgo central del campesinado –su homogeneidad y persistencia en distintos contextos– el autor incorpora una serie de datos estadísticos sobre las unidades campesinas rusas realmente existentes. Este encuentro con la naturaleza dinámica de los fenómenos que estudia pone en evidencia cómo su opción metodológica socava la capacidad explicativa de una teoría que, en vez de enriquecerse a partir del análisis real de los factores que intervienen en el proceso productivo de las unidades económicas campesinas, empobrece el análisis para mantenerse en un mismo nivel de abstracción. Finalmente, luego de presentar algunas de las críticas que recibieron sus postulados, se reflexiona en torno a la utilidad del modelo de Chayanov para el análisis histórico.

2. El campesinado como abstracción teórica

En la introducción a la 2da edición en inglés de la obra de Alexander V. Chayanov Teoría de la economía campesina (1986), Theodor Shanin señala el error de confundir la despreocupación del economista ruso por las relaciones de mercado, los salarios de la mano de obra o las inversiones de capital en el contexto rural, con el desconocimiento de estos fenómenos por su parte. En cambio, Shanin entiende su “despreocupación” como un método, una suspensión analítica que el economista ruso utiliza para explorar los nexos causales por medio de un modelo conceptual que puede ser más o menos útil (Shanin, 1988: 156). Esta observación, sin dudas acertada, constituye el punto de partida del presente trabajo.

Antes de presentar la propuesta de Chayanov tal como aparece en la “Introducción” del libro es importante dar cuenta brevemente de la batalla teórica que enfrentaba a marxistas y populistas en Rusia cuando su obra fue concebida y publicada. La contienda se desarrollaba entonces en torno al destino del campesinado ruso luego de la emancipación de 1861. Los marxistas veían allí el inicio de la descomposición del campesinado en clases antagónicas que para 1914 dejaba a los campesinos frente a dos opciones: “the continued development of large-capitalist agriculture, or siding with the Russian working class in a socialist revolution, ultimately to be completed by the socialisation of agriculture” (Harrison, 1977: 324). Del otro lado de la vereda, la tradición populista destacaba la enorme capacidad de supervivencia del campesinado que, lejos de encontrarse en descomposición, había logrado preservarse de manera sorprendente, demostrando la continuidad de sus tendencias históricas bajo diferentes órdenes sociales.

Perteneciente a esta tradición, Chayanov fue el primero en postular que la explicación de esta tendencia intrínseca se encontraba en el proceso productivo, es decir, en el nivel organizacional de la familia campesina, y en construir a partir de esto una teoría general de la estructura económica del campesinado (Harrison, 1977: 324). Su vocación, sin embargo, no era la del simple teórico; sus convicciones teóricas se correspondían con una visión del futuro del campesinado ruso desligado de la división entre capitalismo y socialismo y siguiendo, en cambio, su propio camino. Para Chayanov el campesinado debía mantenerse fiel a su lógica interna y alcanzar la modernización técnica y el desarrollo agrario por medio de la organización de cooperativas que, combinadas con la economía doméstica, harían de las empresas campesinas la forma más eficiente de explotación agraria (1)

La coherencia del autor con esta posición ideológica es visible desde la “Introducción” del libro. En ella, el lector encuentra la fundamentación presente en la génesis de la “teoría de la unidad económica campesina vista como una de las formas de organización de las empresas económicas privadas” (Chayanov, 1985: 35). (2) La misma, dice su autor, fue emergiendo a partir del análisis y la generalización inductiva del material empírico acumulado durante décadas sobre los problemas organizativos de las unidades económicas campesinas. (3) Las conclusiones empíricas alcanzadas habían develado numerosos hechos y relaciones de dependencia que exigían una interpretación especial. Este hallazgo empírico había dado lugar, finalmente, a la idea de “construir una teoría aparte sobre la empresa familiar que trabaja para sí misma que, en cierto modo, difiere en la naturaleza de su motivación de una empresa organizada sobre la base de fuerza de trabajo contratada” (1985: 29).

Hasta acá el planteo es simple y la intención clara: elaborar una teoría explicativa del comportamiento económico del campesinado a partir de la generalización lógica del material empírico. Como vimos, para hacerlo define las unidades económicas campesinas a partir de un rasgo organizativo: el empleo de mano de obra familiar y, lo que deriva automáticamente de este hecho, la ausencia de trabajo asalariado. Es esta premisa la que utiliza para señalar la naturaleza de este tipo de empresa económica, en la que la motivación se corresponde con la producción de valores de uso y no, como en las capitalistas, de valores de cambio. Las ventajas de una teoría semejante, nos dice su autor, se deben a la necesidad de explicar la situación de la empresa campesina, en la que obrero y jefe encarnan la misma persona, a partir de categorías distintas a las capitalistas. Desde su punto de vista, tales categorías sólo son concebibles en un sistema capitalista, mientras que la unidad económica campesina como forma organizativa es perfectamente concebible en otros sistemas económicos, en los que las categorías de trabajo asalariado y salarios se hallan lógica e históricamente ausentes (1985: 34).

La mención a la “lógica” y a la “historia” no es arbitraria, Chayanov mantiene ambas dimensiones constantemente presentes, sin embargo, al momento de enunciar su teoría y explicar su funcionamiento opta por la lógica formal, lo que por momentos le impide captar la complejidad de los fenómenos que observa. La decisión de definir a las unidades económicas campesinas sólo a partir de un rasgo organizativo -haciendo abstracción de la situación concreta de estas unidades campesinas con respecto al sistema económico y social del que forman parte, el mercado, la disponibilidad de medios de producción, la fertilidad y extensión de la tierra cultivable-, es una elección metodológica en la que la dimensión histórica no aparece reflejada.

De este modo, el estudio de la unidad económica campesina se reduce a su forma organizativa. La razón: construir una definición de la economía campesina aplicable a diferentes períodos o situaciones históricas, es decir, definirla transhistóricamente. Para hacerlo Chayanov elige un camino: “si queremos tener un simple concepto organizativo de la unidad de explotación doméstica campesina independiente del sistema económico en el cual está insertada, inevitablemente deberemos basar la comprensión de su esencia organizativa en el trabajo familiar” (1985: 34). Al hacerlo, rechaza otro: “No nos incumbe el destino de la unidad económica campesina, ni su concepción económica histórica y nacional” (1985: 36). Descartada la dinámica en la que las unidades económicas campesinas se encuentran inevitablemente inmersas, el autor opta por el análisis estático (1985: 36). Sin embargo, la existencia real de su objeto de estudio no le permite desprenderse por completo de la dinámica y es por esto que recuerda al lector su compromiso con la historia a partir de un ejemplo por demás significativo. (4) Veamos entonces su análisis lógico para poder comprobar en qué medida el mismo constituye un arma para el análisis histórico, dinámico, de la realidad.

3. La unidad económica campesina: el modelo teórico básico

El primer objetivo que el economista ruso se propone en la tarea de teorizar sobre el funcionamiento de esta empresa privada tan peculiar –y en última instancia también sobre el campesinado en tanto tipo social– es el de conocer la forma en la que se determina al interior de la familia el volumen de la actividad económica. Como vimos, Chayanov construye su objeto de estudio a partir de dos supuestos iniciales: que el productor agrícola y su familia solo disponen de su propia capacidad de trabajo para la satisfacción de sus necesidades, y que cuentan con libre acceso a la tierra. Al mismo tiempo, destaca la naturaleza de la motivación de la familia campesina que, a diferencia de las empresas capitalistas, produce valores de uso buscando el objetivo de la subsistencia. Es entoncesconsecuencia necesaria de las premisas iniciales que “la composición y el tamaño de la familia determinen íntegramente el monto de fuerza de trabajo, su composición y el grado de actividad” (Chayanov, 1985: 47) y, por lo tanto, que los límites máximo y mínimo del volumen de la actividad económica dependan directamente del tamaño y la composición de la familia (1985: 56; 67).

El autor busca verificar esta relación empíricamente y para hacerlo debe definir una medida. ¿Cómo conocer la expresión económica de las necesidades de consumo de la familia campesina? Chayanov vuelve a optar: si bien entiende que todas las formas de actividad económica de la familia componen el volumen de la actividad económica, incluyendo las actividades artesanales y comerciales (1985: 56), la ausencia de material empírico para medir estas últimas lo lleva a concluir que “en este caso particular podemos tomar en forma condicional el área sembrada como medida del volumen para establecer la conexión entre el tamaño de la familia y el volumen del trabajo económico” (1985: 57). Por supuesto, detrás de su decisión existe una justificación metodológica: “si queremos aportar material empírico masivo para resolver el problema debemos utilizar cualquier elemento de producción como una medida del volumen de la actividad económica” (1985: 56-57).

Establecida la medida, y no sin antes advertir la naturaleza limitada de su elección (1985: 57), Chayanov analiza los datos estadísticos y concluye que es el tamaño de la familia el que determina la extensión del área sembrada, en oposición a las teorías malthusianas con las que discute de manera explícita. Al hacerlo recurre al análisis dinámico, sosteniendo que si se analiza la dinámica de las unidades de explotación con el criterio malthusiano de que el tamaño de la familia se encuentra determinado por su situación económica, “deberíamos esperar que las unidades que siembran áreas pequeñas, a lo largo de 15 años continuarán sembrando las mismas áreas pequeñas, y que las unidades bien dotadas sembrarán extensas áreas, como antes, y conservarán una gran familia” (1985: 65), relación que no se comprueba empíricamente. En cambio, Chayanov observa que el tamaño de las explotaciones familiares varía significativamente al interior de las comunidades campesinas, diferenciación que explica por medio de la incidencia del ciclo familiar sobre el desempeño económico de una empresa basada en el trabajo de sus miembros. Introduce de este modo el concepto de diferenciación demográfica, “anulando así el valor social que antes se atribuía a esta diferenciación” (1985: 66).

En este punto es preciso detenernos en el tipo de datos estadísticos analizados por Chayanov. La relación que el autor establece entre la edad de la familia y el tamaño de su explotación agraria puede explicarse en parte por la selección del material empírico. El mismo se refiere únicamente a las áreas de comunas con redistribución periódica de tierras, elemento que si bien no desestima la totalidad de su teoría –en definitiva, el arriendo o la compraventa son mecanismos a partir de los cuales puede cumplirse la tendencia de la tierra disponible a acercarse al tamaño y composición de la familia y él mismo plantea que el equilibrio puede alcanzarse en otras sociedades mediante el mercado de tierras– sí brinda una imagen distorsionada del campesinado, que aparece con un carácter mucho más homogéneo del que en realidad presentaba. El criterio a partir del cual el mir redistribuía las tierras al interior de la comunidad campesina era precisamente aquel del tamaño de la familia, sin embargo, estas no eran las únicas tierras a las que los campesinos tenían acceso. En su crítica al trabajo de Chayanov, Utsa Patnaik señala la importancia decreciente que las tierras de redistribución periódica tenían en la Rusia de principios del siglo XX. La autora presenta, en cambio, un panorama mucho más polarizado y complejo, en el que en los lugares en los que la práctica redistributiva del mir aún subsistía, lo hacía en coexistencia con otras formas de acceso a la tierra, tales como el arrendamiento o la compra, ya sea de tierra ajena a la comunidad aldeana como, asimismo, el arrendamiento de las tierras de redistribución periódica (Patnaik, 1981: 35). Estos matices no aparecen en el trabajo de Chayanov (5), demostrando que los criterios de selección del material empírico que utiliza son funcionales a su construcción teórica.

El siguiente punto a exponer es el de “la medida de la autoexplotación” del campesinado. Habiendo establecido ya que el tipo social que estudia se caracteriza por la producción de bienes de consumo y la utilización exclusiva de la fuerza de trabajo familiar para hacerlo –e imaginando que estas familias campesinas tienen libre acceso a la tierra y a los medios de producción secundarios– Chayanov busca medir la productividad anual del trabajo. Reconoce entonces que la misma depende tanto del grado de intensidad del trabajo como de las condiciones económicas y técnicas que le aseguran un particular efecto productivo en cada unidad doméstica. Como esta última variable, a la que el autor denomina “la productividad de cada unidad doméstica”, depende de factores económicos generales que superan los límites de su análisis, toma únicamente el grado de intensidad o, en sus propios términos, “la medida de laautoexplotación” de la fuerza de trabajo. (6) Al hacerlo observa que la misma se encuentra subutilizada, identificando una tasa de utilización de la fuerza de trabajo campesina que no sobrepasa el 50%. La incidencia del carácter estacional de la actividad productiva en cuestión y la del factor climático son mencionadas como posibles explicaciones para terminar concluyendo que, cualquiera sea la razón: “en la explotación agraria doméstica, las tasas de intensidad del trabajo son considerablemente más bajas que si la fuerza de trabajo fuera utilizada en su totalidad” (1985: 76).

Es esta situación, el hecho de que la familia campesina no emplee la totalidad del tiempo de trabajo disponible en su interior en las tareas agrícolas, la que lleva a Chayanov a afirmar que, “al no alcanzar sus límites, las tasas de intensidad de trabajo pueden fluctuar en uno u otro sentido” (1985: 76). En lo que resta del segundo capítulo su objetivo será dilucidar los factores que determinarían el nivel de esta intensidad. Para hacerlo se sitúa en el plano subjetivo de las decisiones individuales. Toma cuerpo entonces su teoría del equilibrio entre las necesidades de la familia y las fatigas del trabajo. Chayanov explica la evidencia de este subempleo a partir de la racionalidad propia del campesino que, motivado a trabajar para satisfacer las necesidades de subsistencia de todos los miembros de la familia, dejará de hacerlo una vez alcanzado este objetivo. Del mismo modo, aumentará la intensidad del trabajo sólo cuando lo hagan estas, estableciendo que “el volumen de la actividad de la familia depende totalmente del número de consumidores y de ninguna manera del número de trabajadores” (1985: 81). Así, “permaneciendo todo lo demás igual, el trabajador campesino estimulado al trabajo por las necesidades de su familia desarrolla mayor energía al aumentar la presión de estas necesidades” (1985: 80-81).

A pesar de la fuerza de su afirmación, es importante destacar que Chayanov no desconoce la incidencia de las condiciones de producción en el nivel de productividad de la fuerza de trabajo, lo que se evidencia en la frase “permaneciendo todo lo demás igual. Este límite se corresponde con su opción metodológica de abstracciones sucesivas, que no debe confundirse con un desconocimiento de la realidad. De este modo, continúa diciendo: “un análisis más detallado establece de modo indudable que aparte de las necesidades de consumo, también las condiciones en que se realiza el trabajo determinan en grado considerable la producción del trabajador” (1985: 80-81). Este reconocimiento de ambos factores como determinantes de la productividad del trabajo campesino lo lleva, a su vez, a comparar el efecto de los mismos sobre el bienestar material de los trabajadores: el incremento de la producción basado en el aumento de la tasa de autoexplotación por la presión del aumento de la relación c/t o el aumento de la producción originado en unas mejores condiciones de producción, lo que mide por medio de la cantidad de tierra disponible. Veamos lo que Chayanov concluye a partir del cuadro 2-10 que presenta la producción del trabajador según la relación c/t y la cantidad de tierra: “un aumento en la producción del campesino motivada por un aumento en el número de consumidores no produce un aumento paralelo en el bienestar y, según algunas investigaciones presupuestarias (Novgorod), incluso lo reducen” mientras que “un aumento en la producción anual provocada por el mejoramiento de las condiciones de producción aumenta de inmediato el bienestar” (1985: 82). (7)

Este punto adquiere relevancia dentro del planteo teórico más amplio de Chayanov, a partir del cual busca definir un campesinado de tipo puro, con una lógica interna que permite la elaboración de leyes abstractas cuyo funcionamiento sólo puede probar aislando a las unidades económicas campesinas del medio socioeconómico más amplio del que forman parte. Los límites del marco teórico presentado son constantemente mencionados por el autor, que confirma y justifica su opción metodológica. Su demostración empírica, por lo tanto, no es más que la aplicación automática de las leyes generales obtenidas del anterior ejercicio de abstracción, resolviendo siempre la pregunta sobre la respuesta de las unidades económicas campesinas a los estímulos del mercado capitalista por medio de la búsqueda del equilibrio entre las fatigas del trabajo y las necesidades de consumo de la familia. En este caso en particular, entonces, Chayanov busca probar que la familia campesina renunciará a un mayor bienestar material cuando un mejoramiento de las condiciones de producción se lo proporcione. Para probar su punto, que implicaría negar la existencia de un sujeto campesino capaz de acumular, se ampara en datos estadísticos basados en informes de unidades económicas campesinas de Suiza. Los mismos, representados en el cuadro 2-12 le permiten alcanzar la conclusión deseada. Observa allí que el aumento de los ingresos influidos por el aumento de la productividad del trabajo no actualiza la tasa de incremento del presupuesto, que queda muy por detrás. Esto le sirve para demostrar que la intensidad del trabajo declina cuando las remuneraciones mejoran porque, de permanecer igual, la retribución de una unidad doméstica de trabajo debería aumentar en la misma proporción al aumento de la productividad del trabajo del año (1985: 83). (8) Es esta demostración empírica la que le permite “afirmar positivamente que el grado de autoexplotación de la fuerza de trabajo se establece por la relación entre la medida de la satisfacción de las necesidades y la del peso del trabajo” (1985: 84). Sin embargo, su demostración dista de ser exhaustiva: toma únicamente la cantidad de tierra disponible como medida de la disponibilidad de medios de producción, asume convencionalmente que cada unidad de valor se obtiene con aproximadamente el mismo esfuerzo y no señala cuál es el cálculo a partir del cual se obtienen, en el cuadro 2-12, los valores que presenta para la retribución de un día de trabajo en la unidad económica propia y el presupuesto personal por trabajador.

No obstante, Chayanov presenta estos datos como hechos que, en su esquema, se sostienen sobre una base teórica simple: la teoría de la utilidad marginal. Partiendo de la existencia de un consumo de energía física limitado para el organismo humano, señala que luego del sentimiento de satisfacción que acompaña un consumo comparativamente pequeño un mayor desgaste de energía exige un esfuerzo de voluntad. Así “cuanto mayor es la cantidad de trabajo realizada por un hombre en un período definido de tiempo, mayores fatigas representan para el hombre las últimas (marginales) unidades de fuerza de trabajo consumidas” (1985: 84).

En este sentido, oponiéndose a la economía política clásica con su arquetipo del homo economicus, Chayanov construye un sujeto con una racionalidad cualitativamente distinta a la capitalista: este homo economicus campesino evaluará la utilidad marginal de las fatigas del trabajo y sólo incrementará el grado de autoexplotación cuando aumenten las necesidades de consumo de la familia. Por el contrario, reducirá la intensidad del trabajo cuando unas condiciones de producción más favorables se lo permitan. Al preguntarse: “cómo se hace consciente en el campesinado la noción del equilibrio básico entre la medida de la satisfacción de las necesidades y la medida de las fatigas del trabajo”, Chayanov retoma la comparación entre el cálculo económico en la unidad económica capitalista y en la campesina, señalando que mientras que en la primera todos los elementos de la fórmula IB-GM+S=BN (9) se expresan en la misma unidad de valor, en la segunda, sólo el ingreso bruto y el gasto en materiales pueden expresarse en unidades objetivas de valor. La ausencia de salarios, luego, hace que la unidad económica campesina sólo pueda expresar su consumo de fuerza de trabajo en unidades físicas por lo que el producto neto del consumo particular de fuerza de trabajo “puede ser reconocido subjetivamente por nuestra familia como satisfactorio o bueno comparado con la evaluación subjetiva de las fatigas propias del mismo trabajo, o, al contrario, el resultado obtenido se considera insuficiente en comparación con la fuerza de trabajo que demandó” (1985: 91).

A partir de esta comparación, y de la ausencia de salarios en las unidades económicas campesinas, Chayanov destaca la mayor viabilidad y estabilidad de las mismas: “frecuentemente, el equilibrio básico interno de la unidad familiar de explotación agrícola hace que sean aceptables remuneraciones muy bajas por unidad doméstica de trabajo, lo cual le permite existir en condiciones que llevarían a la ruina segura a una unidad de explotación capitalista” (1985: 94). En el siguiente apartado veremos cómo el modelo se complejiza cuando el autor, satisfecho con la demostración empírica de sus conclusiones teóricas, abandona la simplificación inicial.

4. La unidad económica campesina: el funcionamiento real

Una vez enunciada la teoría y su base empírica Chayanov decide probar su utilidad incorporando una serie de “detalles concretos” al análisis. Henry Bernstein sostiene que el autor no incluye la riqueza de este análisis empírico en la teoría inicial porque esta es fundamentalmente la de la lógica interna de la unidad económica campesina. De este modo, cuando Chayanov la inserta en el sistema económico más amplio de intercambio capitalista de mercancías, lo hace para delinear las condiciones externas al campesinado que aparecen obstaculizando o facilitando su búsqueda de subsistencia o reproducción simple (Bernstein, 2009: 65). Esta intención ilustra claramente la distancia que separa los capítulos iniciales de la obra, en los que los datos estadísticos y en alguna ocasión el análisis dinámico se utilizan para construir un tipo ideal, de los capítulos finales, en los que se incluye una gran variedad de posibilidades. En ellos se puede identificar lo que Harrison caracteriza como una “teoría secundaria” o “desviación del modelo. (10)

Si en el modelo básico el economista ruso definía su objeto como la familia campesina que dispone de cierta extensión de tierra, posee sus propios medios de producción, no contrata fuerza de trabajo exterior, y que en ocasiones se ve obligada a emplear parte de su fuerza de trabajo en oficios rurales no agrícolas (Chayanov, 1985: 44), a partir del tercer capítulo se aleja de la premisa inicial e incorpora un amplio espectro de posibilidades, complejizando la simplificación inicial. Al hacerlo, plantea una situación por completo diferente: la posibilidad de que, por causas permanentes o fortuitas, los medios de producción o la tierra disponible sean inferiores al óptimo e insuficientes para ocupar la totalidad de la fuerza de trabajo de la familia que explota la unidad (1985: 99). Al plantear esto Chayanov busca probar el funcionamiento del equilibrio campesino en una situación de escasez relativa. Comienza entonces por mencionar los factores productivos que intervienen en la organización de la explotación doméstica: fuerza de trabajo, tierra y capital. De acuerdo con su teoría, el primero de ellos se diferencia del resto por su carácter fijo, ya que depende de la composición de la familia y no se encuentra determinado por la situación material de la misma. (11) Tratándose entonces de una empresa económica basada en la fuerza de trabajo familiar que no contrata trabajo asalariado, será el número de trabajadores disponible en su interior lo que fijará el resto de los factores productivos en el nivel óptimo para alcanzar el equilibrio deseado. De esta forma, si la tierra y los medios de producción secundarios fueran insuficientes para el empleo de todos los miembros aptos, esta fuerza de trabajo excedente se empleará en otras actividades, tales como la artesanía o el comercio; siempre considerando la situación del mercado para determinar la relación entre el gasto de energía y el beneficio obtenido, que debe ser óptima.

Observamos aquí la incorporación del mercado. Este mercado, del que el campesinado chayanoviano evidentemente participa de manera activa, aparece guiando la acción del trabajador campesino que busca alcanzar el equilibrio entre el peso del trabajo y las necesidades de consumo de su familia. De este modo, el excedente de brazos para el trabajo medido en relación a la extensión de la tierra cultivable disponible, pondría a la familia ante dos acciones posibles: adquirir más tierra, o dedicarse a alguna actividad comercial o artesanal. Para elegir, señala el autor, la familia evaluará qué actividad productiva le arrojará mayores beneficios de acuerdo a la situación del mercado, permitiéndole mantener el equilibrio en un nivel óptimo. (12) No obstante, siendo el estímulo para producir la subsistencia, la familia campesina continuará trabajando incluso cuando se rompa el equilibrio óptimo y se vea forzada a aumentar la intensidad del trabajo para aumentar su ingreso anual a costa de una menor remuneración por unidad de trabajo. (13)

Al incorporar el mercado en el horizonte de posibilidades económicas de la familia campesina Chayanov se sale del estrecho marco inicial y se dedica a señalar las variaciones que, sin alterar lo esencial, esta incorporación supondría. Establece entonces que el plan organizativo de la familia varía según participe o no del intercambio de mercancías y que, en el primer caso, a la misma ya no le preocupará el modo de empleo de su fuerza de trabajo mientras que sea utilizada al máximo y bien pagada en el mercado con respecto al valor de lo producido. Se desprende de esto un hecho importante: el nivel de las remuneraciones aparece determinado por la situación del mercado.

Veamos cómo llega a este punto y cuáles serían las consecuencias de este hecho. De acuerdo con el planteo inicial, las explotaciones agrícolas no monetarias definen su plan organizativo en base a la obtención de los productos necesarios para el consumo familiar, los mismos, tienen un matiz cualitativo ya que, sin la participación en el intercambio de mercancías cada necesidad debe ser satisfecha específicamente, pudiendo medir la cantidad para cada una sólo de forma individual; de lo que resultaba que: “debido a la elasticidad de las propias necesidades del consumidor, tal medición no podía ser muy exacta” (1985: 140). En las unidades de explotación no monetarias, por lo tanto, la ausencia de una escala común de valores para evaluar, por ejemplo, si resulta más ventajoso sembrar centeno o segar heno implica que la elección productiva se resuelva en función de la necesidad de forraje o de la alimentación de la familia. En cambio, al ingresar a la esfera de la circulación de dinero y mercancías las faenas de la unidad de explotación cambian su carácter, perdiendo el matiz cualitativo. Como ahora la familia puede satisfacer sus demandas mediante compras, el interés por la cantidad pasa a ser prioritario, viéndose cada vez más liberada de la calidad y comenzando a adquirir el carácter abstracto del valor (1985: 140). Es así como la participación en el intercambio de mercancías le permite a la familia indiferenciar el modo de empleo de su fuerza de trabajo. Al mismo tiempo, ahora, “el nivel de la remuneración para la fuerza de trabajo invertida en diversos productos es determinada, finalmente, por la situación del mercado” (1985: 140). Por lo tanto, Chayanov concluye que cuando la unidad de explotación comienza a producir mercancías, las necesidades de consumo de la familia ejercen presión sólo para determinar el volumen total de la actividad pero no ya la composición material de la producción, cada vez más influenciada por la situación del mercado (1985: 140-141).

La denominación de Harrison parece acertada: al tomar la situación de las explotaciones agrícolas familiares que participan del intercambio de mercancías, Chayanov se detiene a observar la realidad, extendiendo los límites del planteo inicial. La incidencia de las necesidades de consumo sobre la composición y organización interna de las estructuras familiares adquiere otro significado. La participación del campesinado en las actividades comerciales y artesanales conecta estas estructuras familiares con un mercado más amplio, que aparece determinando el nivel de las remuneraciones. Chayanov se pregunta qué situaciones empujarían a las unidades económicas campesinas a ocupar su fuerza de trabajo en estas actividades. Si bien él mismo había indicado que esto podía estar provocado por la insuficiencia de tierra o la escasez de capital para ocupar todos los brazos disponibles en las actividades agrícolas, luego advierte que también la irregular distribución del tiempo de trabajo agrícola podría generar este viraje. Estos factores se corresponden con el planteo inicial, en el que Chayanov expresa que en ocasiones los campesinos “se ven obligados” a realizar actividades no agrícolas. Sin embargo, también habla de una elección consciente de las familias campesinas que evalúan la situación de mercado buscando la mejor forma de alcanzar el equilibrio óptimo. Al plantear esto se refiere a las remuneraciones económicas en una u otra actividad. La conclusión, por lo tanto, sería que en una situación de mercado favorable para las actividades comerciales y artesanales, la familia campesina con acceso suficiente a la tierra dejará de cultivarla para disfrutar, en cambio, de una remuneración económica mucho más elevada por unidad de trabajo. En este ejemplo, entonces “la familia campesina actúa con su fuerza de trabajo exactamente igual que un capitalista que distribuye su capital para que le proporcione el ingreso neto más elevado” (1985: 120), siendo la única diferencia entre ellas el hecho de que la familia no utiliza completamente su fuerza de trabajo sino que cesa de consumirla en el momento en el que satisface sus necesidades. Es interesante observar cómo, de todo el andamiaje teórico presentado, la relación esencial que nunca se quiebra es la que los campesinos chayanovianos establecen entre las fatigas del trabajo y la satisfacción de sus necesidades, es decir, la búsqueda del equilibrio económico.

El campesinado de Chayanov realiza así –por medio de la comparación de la situación de mercado en estas dos ramas de la economía nacional– una división del trabajo entre agricultura y actividades artesanales y comerciales. Esto le permite explicar al autor la inconstancia de esta relación y, por ejemplo, el hecho de que en Rusia se dé comúnmente la situación en la que, por malas cosechas, coexistan precios de granos elevados y bajos salarios. La incorporación del mercado al esquema permite este tipo de reflexiones con respecto a los datos empíricos, por demás interesantes. Al mismo tiempo, ante esta evidencia, la afirmación previa con respecto a la ausencia de una medida del valor de la fuerza de trabajo en las unidades económicas campesinas presenta un carácter ambiguo porque, en definitiva, si el “funcionario agrícola” puede comparar los rendimientos de una u otra ocupación de su fuerza de trabajo, entonces este valor existe, aun cuando no se lo considere un salario.

Al desplegar su teoría Chayanov debe “descender del estudio estadístico y económico” y acercarse “con las tablas estadísticas a la vida y al trabajo concreto del funcionario agrícola organizativo” (1985: 131). Aparecen entonces una serie de gráficos y tablas de todo tipo en los que se analizan: los ingresos y egresos en especies y en dinero, el porcentaje de productos comercializados, el consumo anual de la familia campesina, la tierra arable arrendada por trabajador, los diferentes sistemas de rotación de cultivos por guberniyas, los diferentes tipos de forraje, la composición y movimiento del capital destinado a la ganadería, entre otros aspectos específicos que demuestran un análisis altamente complejo del proceso de trabajo en las unidades económicas campesinas. (14) Chayanov presenta datos y realiza afirmaciones pasando del análisis teórico al empírico indiscriminadamente. El lector se encuentra entonces con un campesinado consciente de sus elecciones económicas, que distribuye sus recursos adaptándose al contexto económico más amplio del que forma parte sin traicionar la ley fundamental que guía su comportamiento: el equilibrio entre la satisfacción de las necesidades de la familia y las fatigas del trabajo.

El deseo de Chayanov de construir una ciencia económica a la medida de los agentes campesinos comienza a tomar forma y la influencia de la disponibilidad de un monto particular de capital en el logro del equilibrio económico de las familias campesinas adquiere un lugar en la teoría. Una vez presentadas las reglas básicas de la unidad económica para diseñar su plan organizativo, se vuelve patente la existencia de una serie de valores que la familia aparta de su consumo personal y asigna a fines productivos. Ante esto, el economista ruso plantea que su objetivo de desarrollar una teoría de la unidad económica campesina como una explotación diferente de las capitalistas solo estará cumplido cuando logre establecer, “sin lugar a dudas, que en la unidad de explotación doméstica el capital como tal está sujeto a otras leyes de circulación y ocupa un lugar diferente en su composición al que ocupa en las empresas capitalistas” (1985: 229-230). Se dedica entonces a analizar la morfología de la circulación del capital (15) en la empresa capitalista y en la doméstica, retomando el problema de los salarios.

La primera constatación que realiza es que, mientras que en las empresas capitalistas los salarios aparecen como una categoría objetiva que representa la suma de valores que sirve para renovar la fuerza de trabajo –y que forma parte del capital adelantado–, en las domésticas esta suma es el presupuesto personal del campesino agricultor que se encuentra determinado por el tamaño de la familia y el grado en el cual se satisfacen sus necesidades. De acuerdo con la teoría general, esta última medida depende de una serie de condiciones efectivas que Chayanov sintetiza en el equilibrio interno de la unidad de explotación que, como vimos, determina el volumen total de la actividad económica de la familia. Se encuentra de esta forma con un círculo lógico vicioso: la cantidad asignada anualmente para la renovación del capital se determina según los requerimientos técnicos y el volumen de la actividad económica establecido por el equilibrio, al mismo tiempo, el equilibrio depende en gran medida de la cantidad de capital adelantado con la fuerza de trabajo (Chayanov, 1985: 232-233).

El autor busca resolver este problema y se pregunta qué factores determinan cada año la división del ingreso bruto de la familia campesina en egresos para mantener el capital y egresos para la reproducción de la fuerza de trabajo. En definitiva, el problema con el que se encuentra se debe a que la teoría inicial supone que el egreso económico de la familia campesina es cero. Al plantear el modelo en su funcionamiento real este supuesto debe caer y es entonces cuando aparece el problema de la indiferenciación al interior de las unidades domésticas entre egreso económico (16) y egresos en consumo personal. La ausencia de una categoría objetiva de valor para expresar los valores destinados a la reproducción de la fuerza de trabajo se presenta como un problema y Chayanov busca establecer la relación entre el nivel de ingreso de la familia y la división del mismo entre egresos económicos y egresos en consumo personal. Constata que ninguno de los elementos de la unidad doméstica es independiente, todos interactúan determinando mutuamente sus magnitudes, y deriva de esto una nueva serie de conclusiones.

La primera sería que, en la organización de la unidad económica campesina existe cierto límite para el equipamiento racional de la fuerza de trabajo con medios de producción. Cualquier incremento en el capital disponible para el trabajador, hasta este límite, ayuda a elevar la productividad de la fuerza de trabajo. En dicho límite se alcanza el nivel máximo y el capital disponible permite que la fuerza de trabajo desarrolle todo su potencial de producción. La segunda cosa que constata es que, los egresos económicos corren paralelos a los personales y que mientras la intensidad del capital de la explotación no ha alcanzado aún su nivel óptimo, la tasa de crecimiento en la renovación de capital excede en muchos casos a la de los presupuestos personales. Supone entonces que la determinación de los egresos para renovar el capital está inseparablemente unida a la de los presupuestos personales. Finalmente logra salvar el modelo incorporando los egresos económicos de esta forma: “estos egresos están incluidos en nuestro sistema del equilibrio económico básico entre las fatigas del trabajo y la satisfacción de las necesidades de la familia que explota la unidad” (1985: 237). El capital que los campesinos vuelcan a la producción al concluir el proceso productivo, entonces, se vincula con el proceso de satisfacción de las necesidades personales y, por lo tanto, su importe depende de la medida en que pueden satisfacerse estas necesidades. Con una demostración empírica a posteriori, el economista ruso alcanza una nueva conclusión que presenta como una ley general: en las unidades de explotación domésticas la intensidad del capital dependerá del nivel de bienestar de la familia.

Ahora, el problema dista de estar resuelto porque luego, la pregunta que debe contestar es ¿en qué nivel habría que detener el consumo para asegurar un nivel suficiente de bienestar para los años futuros? Se podría decir que en parte Chayanov renuncia a contestar esta pregunta que, en su desarrollo problemático, implicaría pensar el problema de la acumulación de capital en las unidades económicas campesinas. Para hacerlo se respalda en la ausencia de material empírico: “carecemos de material empírico que nos permita juzgar la acumulación de capital a través de varios años en la misma unidad de explotación y, por lo tanto, nos abstenemos de hacer análisis más profundos” –y continúa diciendo– “será más prudente aceptar –aunque no siempre corresponda con la realidad cotidiana– que el ingreso disponible se divide de acuerdo con el equilibrio de las evaluaciones de producción y consumo o, más exactamente, con el deseo de mantener un nivel constante de bienestar” (1985: 258). Esta última afirmación es un ejemplo claro de la forma en la que Chayanov, ante la ausencia de evidencia, opta por aplicar el modelo de forma automática, aún cuando es consciente de que un análisis más profundo debería ser más fiel a “la realidad cotidiana”. El autor busca en los datos la constatación de una teoría concebida a partir del aislamiento metodológico de determinados factores, por lo que, cuando debe volverse específica para explicar todos los fenómenos observados demuestra sus falencias más insalvables. Esto lo lleva a aceptar un postulado “aunque no siempre corresponda con la realidad cotidiana” y a negarse a prolongar el análisis en el tiempo para observar la evolución histórica (17) de estas unidades económicas campesinas que, en su modelo, no sólo son estáticas –en la medida en que demuestran una permanencia estructural a pesar de los cambios– sino que además buscan serlo: “con el deseo de mantener un nivel constante de bienestar”.Asume de este modo que todas se corresponden con un tipo único, hecho que su teoría no puede probar.

5. Problemas derivados de la opción metodológica

Tal como plantea Bernstein (2009), en la teoría de Chayanov no tienen lugar las relaciones sociales de producción, siendo la relación clave la del balance fuerza de trabajo-consumo. De forma similar, Harrison sostiene que solo ante la ausencia de relaciones sociales internas y externas es posible concluir que la determinación del nivel de trabajo resulta “not from exploitation (of some by others) but from self-exploitation –the revealed preference of the family as a whole” (Harrison, 1979: 89). La relación entre consumidores y trabajadores guía el comportamiento económico de las unidades económicas campesinas, justamente por la inexistencia de la categoría objetiva de los salarios. Chayanov construye un modelo de empresa campesina en espejo con la capitalista, estableciendo que lo que en las segundas es conciencia económica en las primeras es balance entre trabajo y consumo. El valor de sus hipótesis, dice, “reside en que dan la posibilidad de comprender estas diferencias en el comportamiento económico” (Chayanov, 1985: 261).

Sin desestimar por completo esta afirmación es importante señalar que cuando Chayanov procede a comparar ambos tipos de empresas suponiendo su coexistencia en situación de caída de precios, cae en lo que Utsa Patnaik considera una falacia, tanto desde un punto de vista lógico como histórico. De acuerdo con esta autora, existe una contradicción lógica en postular la coexistencia de granjas familiares y capitalistas bajo condiciones de producción idénticas: “If production functions are identical, then either the «family farm» is not a «family farm» or the «capitalist farm» is not a «capitalist farm». Conversely, if the «family farm» and the «capitalist farm» do exist side by side as organizationaly distinct forms, then production functions cannot be identical” (Patnaik, 1982: 11). Para poder realizar tal comparación, continúa diciendo Patnaik, Chayanov asume dos situaciones que no se dieron en realidad: que el consumo en la unidad de explotación familiar no está determinado, es decir, que el objetivo del campesino es siempre lo que consigue; y que el nivel de los salarios no tiene relación con el consumo de las unidades familiares. Si bien las necesidades de consumo, o mejor dicho, el nivel de consumo puede variar de acuerdo al lugar y al tiempo –justamente por estar determinado históricamente por “the share of net output to be retained by the petty producers as the outcome of their struggle with the surplus-appropiating classes”– sí es determinable y de ninguna manera es equivalente al piso que representan las necesidades biológicas y sociales básicas, tal como parece suponer Chayano. (18) En lo que respecta al nivel de los salarios en la economía nacional y la influencia de los mismos en las explotaciones domésticas, Patnaik también se opone al supuesto chayanoviano de la total independencia de las unidades domésticas con respecto a este nivel de salarios. La autora sostiene, por el contrario, que la coexistencia de ambos tipos de empresas económicas –que se dio históricamente (19) – implica que las mismas se conecten entre sí en el mercado. De hecho, pudimos ver que el mismo Chayanov identificaba la incidencia de la situación de mercado en la elección productiva de las familias campesinas, aún cuando este factor ingresaba en la teoría subordinado a la lógica del equilibrio económico.

La crítica de Patnaik vuelve patente la clave del funcionamiento del modelo de Chayanov. Al definir el consumo de forma subjetiva y estar en definitiva indeterminado, éste se convierte en la variable de ajuste que le permite defender la idea de la mayor viabilidad y flexibilidad de las unidades económicas campesinas (que continúan produciendo aún cuando los resultados del proceso productivo no alcancen para la subsistencia). Chayanov plantea que durante los años de buenas cosechas los campesinos logran reproducir su fuerza de trabajo y adquirir un mayor nivel de bienestar, absorbiendo de ese modo lo que en las empresas capitalistas sería el beneficio económico en unos “sueldos más altos que los de consumo”. Por el contrario, en los malos momentos, los campesinos absorberían también el déficit por medio de “salarios más bajos que los de consumo”. El funcionamiento de este mecanismo, por lo tanto, anula de hecho la posibilidad de los pequeños productores campesinos de ahorrar y, al mismo tiempo, destaca la capacidad de supervivencia de los mismos cuando los resultados del proceso productivo no alcanzan para cubrir las necesidades de subsistencia de la familia. De esta forma, al plantear la inexistencia de salarios en las unidades económicas campesinas, Chayanov lleva al extremo la afirmación de Marx de que el límite absoluto del pequeño productor propietario no es más que el salario que se abona a sí mismo, por lo que “mientras el precio del producto lo cubra, cultivará sus tierras, reduciendo no pocas veces su salario hasta el límite estrictamente físico” (Marx, 1973b: 746).

Algo similar sucede con su tratamiento del problema de la renta de la tierra. En el Capítulo 6, el economista ruso afirma que ésta no puede concebirse suspendida en el vacío, lo que resulta un tanto paradojal. Resalta entonces el carácter mercantil de las explotaciones campesinas y su inserción en un sistema económico más amplio (mercantil capitalista) con el que coexisten por medio del crédito y la circulación de mercancías. Al reconocer que estas unidades domésticas funcionan en un sistema económico en el que las relaciones sociales capitalistas son hegemónicas, Chayanov se pregunta si existe alguna diferencia entre la fase de desarrollo capitalista en la cual las empresas familiares representan una parte sustancial de la producción y la fase en la cual han perdido toda importancia. A partir de este interrogante se propone reflexionar acerca de las consecuencias económicas generales de los rasgos organizativos de la explotación familiar. Liberado de las ataduras metodológicas iniciales, Chayanov plantea el problema de la renta de la tierra, observando una “ausencia de la renta económica como un ingreso particularizado de existencia real” en la unidad de explotación doméstica.

La explicación es interesante: si entendemos por renta el fenómeno económico y social específico que es la parte del beneficio pagada al terrateniente por el arrendatario-empresario que trabaja con fuerza de trabajo asalariada: “este fenómeno estaba claramente determinado por las categorías económicas generales (salarios, interés del capital, y precios del mercado) y era absolutamente impensable fuera de esa economía” (Chayanov, 1985: 276). Dado que la teoría se basa en la ausencia de trabajo asalariado y, por lo tanto, en la inexistencia de los salarios como una medida objetiva de valor, “la renta como elemento de la unidad de explotación doméstica puede concebirse fuera de las categorías económicas generales que son conditio sine qua non para comprender la renta capitalista” (1985: 276). Esto lleva, finalmente, a que mientras que en la unidad de explotación capitalista los factores generadores de renta dan surgimiento a la renta económica de la tierra como una forma particular de ganancia extraordinaria, “en las unidades de explotación doméstica y familiar provocan un alza del nivel de consumo, un aumento en la capacidad de acumular capital y un relajamiento de la intensidad de la fuerza de trabajo” (1985: 276). Nuevamente vemos que los campesinos absorben mediante diversos mecanismos las ganancias extraordinarias arrojadas por unas mejores condiciones de producción, sin embargo, el aumento en el consumo y en la acumulación de capital, dice Chayanov, no necesariamente coincide con la magnitud de la renta capitalista de las tierras y dependerá, naturalmente, de las peculiaridades subjetivas en la composición de la unidad de explotación y de la densidad de la población total del área.

Una vez dicho esto, se dedica a analizar el problema del precio de la tierra, tema que le interesa precisamente por ser un punto en el que los dos tipos de empresas económicas analizados “colisionan”. En las empresas capitalistas, dice el autor, el precio de la tierra es un valor objetivo que se calcula a partir de la fórmula “según la cual el precio de la tierra es la renta de la tierra capitalizada según la tasa de interés del capital usual en el mercado” (1985: 277). Sin embargo, como en las unidades domésticas la renta no aparece como un ingreso particularizado de existencia real, esta no puede calcularse de la misma manera. La familia campesina pagará el precio que quiera y pueda pagar y para calcularlo activará el mecanismo de cálculo económico que le es propio: si aún descontando el pago del arrendamiento, éste le permite a la familia obtener una remuneración más alta que la remuneración marginal que obtendría sin dicho arrendamiento, la familia campesina no dudará en pagarlo (1985: 277).

Este mecanismo llevaría, finalmente, a una conclusión paradójica: “en áreas superpobladas las familias campesinas más pobres pagarán los precios y los arrendamientos más altos por la tierra” (1985: 279). La teoría de Chayanov explica de este modo el fenómeno empírico de los altos niveles de la renta precapitalista de la tierra que ya había señalado Marx en su análisis de la propiedad parcelaria campesina. En dicha sección del análisis de la génesis de la renta capitalista del suelo, Marx señala la independencia de los pequeños campesinos con respecto a las leyes generales del crédito del sistema capitalista. (20) Esta observación es acertada; sin embargo, es a partir de esto que Patnaik completa su crítica a la “falacia fundamental” del planteo de Chayanov. Para ella, el hecho de que la renta precapitalista de la tierra exista y que, no obstante, las empresas capitalistas agrarias coexistan con las empresas familiares, indica que la renta capitalista en dichas tierras es al menos tan alta como el nivel de la renta precapitalista de la tierra, siendo esta precisamente la razón por la cual la producción capitalista se asocia, históricamente, con un nivel de técnicas productivas más alto que el de las empresas domésticas. En ambos casos, señala Marx, se mantiene la ilusión de que la tierra posee valor de por sí y que entra como capital en el precio de producción del producto, funcionando en realidad el precio de la tierra –resultado de la propiedad privada del suelo– como una barrera, opuesta a la producción.

Por último, resulta necesario retomar el esquema cognitivo del economista ruso con respecto a los salarios en las unidades económicas campesinas, o lo que resulta más acorde con su modelo, la ausencia de ellos. Observamos que la indeterminación de esta medida permitía al autor utilizarla como variable de ajuste, sosteniendo que al interior de las unidades económicas campesinas no se diferenciaba, en el ingreso neto, la ganancia extraordinaria arrojada por una situación favorable o mayor fertilidad de las tierras cultivadas –primera forma de la renta diferencial– del monto destinado a la reproducción de la fuerza de trabajo y los egresos económicos destinados al nuevo ciclo productivo. De este modo, las unidades económicas campesinas respondían solo de forma intuitiva a los incentivos del incremento de los precios agrícolas, por medio de la aplicación de la ley del equilibrio entre las fatigas del trabajo y las necesidades de consumo de la familia. En este esquema, los precios agrícolas se presentan como datos externos a las unidades económicas campesinas, que se adaptan a los mismos activando el mecanismo del equilibrio económico. Sin embargo, esta deducción resulta ilegítima, ya que los precios agrícolas se encuentran íntimamente relacionados con las condiciones de producción imperantes en un medio histórico dado. En efecto, lo que el autor busca plantear es la independencia de la actividad productiva de la familia campesina con respecto a los precios de mercado, que no implica ignorar que las unidades económicas campesinas inciden en la determinación de los precios agrícolas. (21) Esta situación, por lo tanto, lejos de afirmar la superioridad de las empresas familiares con respecto a las capitalistas, como deduce Chayanov, esconde el traspaso del plustrabajo de los campesinos a la sociedad por medio de precios bajos. Así “una parte del trabajo sobrante de los obreros que trabajan en condiciones más desfavorables es regalada a la sociedad y no entra para nada en la regulación de los precios de producción ni en la formación del valor” (Marx, 1973b: 746). Siguiendo el planteo de Marx: “estos bajos precios son, pues, un resultado de la pobreza de los productores y no, ni mucho menos, consecuencia de la productividad de su trabajo” (1973b: 746).

6. Reflexión final

Como advertimos ya, todas nuestras observaciones económicas generales son estáticas y fragmentarias, pero no hay duda de que quien quiera investigar la unidad económica campesina como un fenómeno económico general e histórico debe prestarles la más seria atención y utilizarlas con frecuencia para comprender los fenómenos dinámicos que va a estudiar.

Alexander V. Chayanov, 1924

El recorrido por los postulados de Alexander V. Chayanov permite realizar una serie de reflexiones con respecto a la utilidad de su teoría. En la primera parte del trabajo, cuando se presentó la intención del autor, podía vislumbrarse ya una finalidad práctica que se correspondía con una nueva forma de entender el comportamiento económico del campesinado. Este espíritu de la obra se plantea desde el primer momento y, hacia el final de la misma, la satisfacción del autor con respecto a sus resultados lo lleva a citar las palabras del profesor Karl Diehl de Feiburg, quien decía que: “por desdeñar estas características distintivas de la unidad de explotación familiar y aplicarles la economía de Smith y Ricardo los británicos cometieron una cantidad de errores en su política económica en la India” (Chayanov, 1985: 261).

La referencia a Smith y Ricardo no deja de ser significativa, como lo es también la referencia a “errores en política económica” que Chayanov busca prevenir y que remiten a la discusión teórica con los marxistas rusos mencionada al comienzo. En su búsqueda de explicaciones alternativas a las de la economía política clásica, el economista ruso apela a una serie de abstracciones sucesivas, que colocan a las unidades económicas campesinas actuando en el vacío. La elección metodológica responde al deseo de observar rasgos internos de la organización de la empresa económica campesina incontaminados del contacto con la sociedad más amplia de la que forma parte. Luego, en el modelo secundario, incorpora esta dimensión pero de forma unidireccional: si bien reconoce que el mercado afecta las decisiones productivas de la familia campesina no teoriza sobre este aspecto de la realidad. La incorporación de una serie de posibilidades empíricas en las que las unidades domésticas participan del mercado responde a la intención de observar de qué forma las leyes económicas generales que guían el accionar de los campesinos inciden en la economía nacional. En este sentido, es interesante la explicación que encuentra para el fenómeno de la renta precapitalista de la tierra, así como también el efecto de la ausencia de una categoría objetiva de salarios sobre la oferta de mano de obra para las actividades comerciales y artesanales en un contexto de malas cosechas.

Se planteó también que la elección metodológica de Chayanov limitaba la profundidad del análisis, lo que es intención manifiesta del autor, quien renuncia a la historicidad como punto de partida y se propone definir rasgos generales, tentativos, y en ningún momento determinantes absolutos. Al final del primer capítulo, después de una larga serie de argumentaciones a favor de la idea de que es el tamaño de la familia el que determina el volumen de la actividad económica y por lo tanto también su nivel material, por ejemplo, dice: “en ningún momento particular la familia es el único determinante del tamaño de la unidad particular de explotación y lo determina sólo de manera general” (1985: 67). Este tipo de aclaraciones, válidas para cualquier hipótesis general, alertan al lector sobre el carácter tentativo de sus conclusiones, que no se presentan como cálculos completos y exhaustivos de la estructura total de la unidad de explotación (1985: 134).

Su modelo, sin embargo, se sostiene sobre una noción compartida con la escuela económica clásica, la del homo economicus. Es así como, cada vez que Chayanov se refiere a los sujetos campesinos que actúan económicamente, la idea que subyace parece ser la de un homo economicus campesino que produce valoresde consumo por medio de un cálculo basado en el ideal del equilibrio óptimo entre el peso del trabajo y las necesidades de consumo. De repente, parece asumir que los sujetos bajo análisis actúan con un nivel de conciencia tan alto que debe aclarar: “la real ventaja o desventaja de cualquier iniciativa económica particular en la unidad económica campesina no se decide por un cálculo aritmético de ingresos y salidas sino, la mayor parte de las veces, por la percepción intuitiva de la aceptabilidad o inaceptabilidad económica de la iniciativa” (1985: 134).

Buscando destacar este elemento intuitivo del comportamiento que él sistematiza para elaborar una teoría general, Chayanov limita el alcance de la misma, aceptando que el plan organizativo de la unidad económica campesina, en la realidad, no se elabora mediante un sistema de estructuras lógicas relacionadas de cálculos, sino por la fuerza de la sucesión e imitación de la experiencia y la selección a lo largo del tiempo de métodos exitosos de trabajo económico. Este es precisamente el valor de la obra de Chayanov quien, a pesar de construir un modelo duro en el que la economía campesina aparece como un conjunto estático de leyes generales que se aplican mecánicamente en los diferentes escenarios, también aporta una gran cantidad de datos empíricos (22) que permiten obtener referencias importantes para el estudio de la base material de sociedades campesinas sobre las que la información es más árida.

Las conclusiones lógicas de la obra, por lo tanto, no deben tomarse como deliberaciones a priori del campesinado que organiza su trabajo, ya que su autor aclara que fueron concebidas a posteriori a partir de la observación de sus conductas con el objetivo de desarrollar una ciencia agraria con métodos prácticos que sirvan a los campesinos para ordenar sus unidades de explotación (1985: 134). El valor de la teoría reside en su base empírica; sin embargo, al construir a partir de ella un tipo ideal, el autor inmoviliza su objeto de estudio, alejándose de las prácticas campesinas concretas por medio de la aplicación mecánica del modelo. Esto le permite probar la capacidad de supervivencia de un campesinado homogéneo, aunque a un precio excesivo: la imposibilidad de explicar el cambio. El valor de las conclusiones lógicas de Chayanov debe pensarse a la luz de esta última aclaración. Sólo por medio de la incorporación del análisis dinámico y la situación histórica concreta del campesinado las herramientas de análisis aportadas por el economista ruso pueden ser de utilidad para aquellos interesados por el estudio del nivel material y la morfología del campesinado en formaciones económico-sociales concretas.

Notas

(1) La oposición entre estas dos posturas aparece de forma clara en la novela utópica que Chayanov publicó en 1920 bajo el seudónimo de Ivan Kremnev. En ella describe el viaje de un funcionario soviético a un futuro utópico en el que los campesinos habían ganado la lucha contra el colectivismo agrario, logrando establecer un sistema económico basado en la unidad doméstica campesina: “Thanks to its fundamentally healthy nature, agriculture had avoided the bitter cup of capitalism and we had no need to direct our developmental process into that channel. Particularly, since the German socialists´ collectivist ideal itself, in which the working masses were conceived as the executors of agricultural work in accordance with State directives, seemed to us socially very imperfect compared with a system of working peasant farmers, a system in which labour is not separated from creative management, in which the freedom of individual initiative allows each human being to develop his full spiritual potential, while enabling him also when necessary to make use of the whole might of the collective large-scale economy and of public and state organisations” (Kremnev, 1976; 90). Fue esta posición ideológica la que, durante el estalinismo, le costó a Chayanov la vida.

(2) Todas las cursivas en citas textuales corresponden al original.

(3) Obtenido tanto de las estadísticas de los zemstvos y del estado como de investigaciones independientes, en su mayoría sobre presupuestos.

(4) Dice: “En el sistema de C. Marx, a quien no puede reprocharse en absoluto que subestime la dinámica, pueden encontrarse numerosos elementos estáticos y técnicas de análisis estático. La teoría del valor, la morfología de la circulación del capital y de los procesos de reproducción simple y acumulación del capital son estáticos y construidos por el análisis lógico para usarlos luego como un arma para el análisis histórico, dinámico, de la realidad” (Chayanov, 1985: 37).

(5) El trabajo de Vladimir Lenin [1899] (1973), que también presenta problemas metodológicos, es mucho más exhaustivo en su análisis de la propiedad de la tierra: para conocer la tierra en uso –el equivalente chayanoviano del área sembrada- toma no sólo las parcelas de redistribución periódica sino también la tierra comprada y arrendada, restando a su vez la tierra dada en arriendo. Por otro lado, Lenin también varía la medida o indicador analizado de acuerdo a la orientación productiva particular de la provincia que toma, en algunos casos el área sembrada y en otros la cantidad de ganado (1973; 65-194). A partir de esta muestra, mucho más amplia, rastrea los mecanismos de diferenciación interna del campesinado ruso, afirmando la existencia de un estrato superior de campesinos ricos con una gran concentración de la propiedad de la tierra. Esta diferenciación, lejos de responder al ciclo biológico de la familia como sostiene Chayanov, estaría para Lenin indicando la descomposición del campesinado en clases antagónicas. Sin embargo, ambas son compatibles: la diferenciación demográfica observable en el corto plazo y la diferenciación social, observable en el largo plazo. Se identifican así coincidencias interesantes entre Lenin y Chayanov; ambos buscan medir la base material del campesinado y reconocen diferencias, sin embargo, se interesan por tipos sociales diferentes: mientras Chayanov deja de lado a los campesinos que acumulan, Lenin no considera a los campesinos acomodados que no lo hacen. Fernando Cortés y Oscar Cuéllar (1986) reconocen estos rasgos que compatibilizan sus trabajos, ya que la importancia que le otorgan a la conducta de los productores agrarios remite, en ambos casos, al reconocimiento de una motivación o lógica específica. Al analizar diferentes actores sociales es natural que reconozcan diferentes lógicas específicas: en el caso de Lenin la producción de valores de cambio característica del capitalismo y, en el de Chayanov, la producción de valores de uso, componente fundamental de su modelo teórico de la organización económica campesina (Cortés y Cuéllar, 1986: 96-98).

(6) Al respecto dice: “La fertilidad del suelo, una ubicación ventajosa de la explotación en relación con el mercado, la situación de mercado, relaciones sociales de producción locales, formas organizativas del mercado local y el carácter de la penetración del capitalismo comercial y financiero: tales son los principales factores que determinan la productividad y la remuneración del trabajo campesino. Por su naturaleza, todos estos factores permanecen fuera del alcance de nuestra investigación actual” (Chayanov, 1985: 73)

(7)

CUADRO 2-10

Producción del trabajador según la relación c/t y cantidad de tierra

Tierra cultivable
 por trabajador (desiatinas)

Producción del trabajador
relación c/t

Presupuesto personal
del consumidor
relación c/t

 

1,00-1,30

1,31-1,60

1,61-∞

1,00-1,30

1,31-1,60

1,61-∞

0,0-2,0

76,4

106,3

107,8

71,1

75,2

71,8

2,1-3,0

103,5

125,8

136,6

85,1

87,8

72,7

3,1-∞

105,1

128,6

175,8

86,3

85,9

88,7

(8)

CUADRO 2-12

Retribución de un día de trabajo en
la unidad económica propia (francos)

0-2

2-3.

3-4.

4-5.

5-∞

Presupuesto personal por consumidor
(francos)

610

699

804

839

886

(9) IB= ingreso bruto, GM= gastos en maquinaria y materia prima, S= salarios y BN= beneficio neto (Chayanov, 1985: 90).

(10) Harrison menciona esta “secondary theory” o “deviant model” para continuar diciendo que la misma “is incompletely integrated into the ‹Classical model›… and is in some ways completely inconsistent with it”, citado en Patnaik (1981: 41) y extraído de: Harrison (1972: 11).

(11) En la discusión con los malthusianos Chayanov deja bien clara su posición con respecto a esto.

(12) Al respecto dice: “podemos aceptar que la unidad económica campesina, con un mínimo de tierra cultivable y de medios de producción, tiene un estímulo para desarrollarlos hasta el nivel óptimo y que, de acuerdo con su capacidad, lleva a cabo la expansión siempre que, por supuesto, la situación del mercado agrícola permita obtener beneficios que no sean inferiores a los beneficios por actividades artesanales o comerciales (Chayanov, 1985: 125).

(13) Esto se lograría por medio de cultivos y tareas de trabajo intensivos.

(14) El capítulo 4 con su exceso de gráficos y tablas ilustra a la perfección la afirmación de Laura da Graca: “Buena parte del debate entre los economistas rusos es de carácter metodológico y comprende problemas de imposible aplicación a sociedades que no ofrecen información estadística equivalente”, (da Graca, 2009: 21).

(15) Chayanov entiende por capital fijo: las instalaciones, el ganado y el equipo, que según el área fluctúan para una familia promedio entre los 500 y 1.500 rublos; el capital circulante se calcula de acuerdo a la composición de los egresos en semillas, forraje y arrendamientos. Por tasa de fuerza de trabajo entiende la cantidad de tierra arable que emplea la totalidad de la fuerza de trabajo de la familia con intensidad normal -que se calcula tomando la curva de intensidad de fuerza de trabajo para la rotación de cultivo elegida y analizando el número de desiatinas que la familia puede encarar en el período de la máxima intensidad del trabajo. Finalmente, por tasa de consumo, considera el área de cultivo de campo con el que la familia campesina puede cubrir sus necesidades en el más bajo nivel observado de consumo doméstico o en otros niveles de bienestar.

(16) El egreso económico representa todos los egresos en dinero y especies destinados a la producción.

(17) De acuerdo con sus propias palabras: “No nos incumbe el destino de la unidad económica campesina, ni su concepción económica histórica y nacional” (Chayanov, 1985: 36).

(18) Ellis dice: “The Chayanov model does not involve a fixed consumption target, but it does embody the notion that at the margin, when the consumption norms of the family have been met, the disutility of additional work is high relative to the utility of additional income” (1993: 113).

(19) Al respecto Patnaik sostiene: “The crucial proposition is that the capitalist farm emerges and exists in reality surrounded by rent/tax-paying petty commodity production with which it is linked through markets”, (Patnaik, 1982: 14).

(20)“Aquí donde la propiedad sobre la tierra constituye una condición de vida para la mayor parte de los productores y un campo indispensable de inversión para su capital, el precio de la tierra aumenta, independientemente del tipo de interés y no pocas veces en razón inversa a él, por el predominio de la demanda de propiedad territorial sobre la oferta. Vendida en parcelas, la tierra arroja aquí un precio mucho más alto que cuando se la vende en grandes masas, ya que el número de pequeños compradores es grande y el de los grandes compradores pequeño” (Marx, 1973b: 751).

(21)Esto mismo señalaba Marx cuando decía que: “para que el campesino parcelario cultive su tierra o compre tierras para su cultivo, no es necesario, como ocurre en el régimen normal de producción capitalista, que el precio de mercado de los productos agrícolas sea lo suficientemente alto para arrojar la ganancia media y menos aún un remanente sobre esta ganancia media plasmado en forma de renta” (Marx, 1973b: 746).

(22)Relativos al campesinado ruso de principios del siglo XX.

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Fecha de recibido: 03-03-2013
Fecha de aceptado:
02-09-2013
Fecha de publicado:
20-12-2013

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